LIBERAR LA NACION DEL CHOLAJE
La ‘nación ficticia del Perú’ formada por el 5% de los
colonizadores-criollos que adoptaron el modelo liberal y la ciudadanía, es un
trasplante mecánico de la superestructura de la clásica nación europea;
superestructura que no guarda relación directa con la realidad andina. La
identidad que adoptaron tuvo la finalidad de legalizar el nuevo Estado de
Derecho, pero la verdad se sintetiza en la frase de Fausto Reinaga: “Los
criollos tienen estado. Pero les falta todo lo demás para ser nación”, efectivamente
no representaban a la mayoría de la población y no contaban con territorio. Además,
siempre se sintieron ajenos y nunca abandonaron sus sueños de fundirse con
Europa, Estados Unidos o Rusia. Usaron todos los medios para legitimarse
llamando a la integración, apelando a los valores patrios y aplicando políticas
de asimilación, conocidas en el presente como inclusión para convertir a los
indios en mestizos y estos abandonen su identidad, cultura originaria para sumarse
a la nación ilegitima. El reconocimiento del estado peruano por parte de los
organismos internacionales demandaba que los pueblos originarios debían integrarse al Estado independiente y la República Peruana no cumplió con
el inciso 3 de la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de Naciones
Unidas, llamada la Carta
Magna de la
descolonización, entonces se abría la posibilidad de reconocer las luchas
de liberación nacional que continuaban los pueblos porque no se había concluido
con el proceso de descolonización.
Esta era la nación peruana que José Carlos
Mariátegui (1925:208) describe como el pecado original de la república: «[...]
el pecado de haber nacido y haberse formado sin el indio y contra el indio»,
entonces, los ciudadanos sustituyeron al sujeto jurídico –político: inka -indígena
que no recupero su territorio ni
autonomía y menos alcanzo la plenitud del gobierno propio, es más siguió
subordinado y negado.
El mestizaje prosperó como el fenómeno de
cholificación que sirvió para enarbolar el derecho de “la mayoría sobre las minorías” y el nacionalismo como ideología política, desde
esa lógica los ciudadanos se dividen en clases, grupos antagónicos que
defienden intereses y se
organizan en partidos políticos, era “el cholaje (escudado en ideologías llegadas
de Europa, disfrazado ora liberal, constitucional, republicano, nacionalista,
socialista, fascista o “comunista”) ha manejado el destino de este país con la
filosofía de las tripas, el falo y la vagina (Reinaga 1964:14), traidores a su pueblo, clonados
ideológicamente en Harvard y personificado en Alejandro Toledo, son parte de bandas
que lucharon, luchan por tomar el poder y corrompen el estado para beneficiar a
su grupo. Los escribas y pregoneros justificaron esta situación desde la pluma del cholaje intelectual que denunciaba
el “peligro indio”.
El proceso de descolonización debe concluirse, no es
un asunto de movilización social para que nos reconozcan derechos, de
compromiso de los gobernantes de modernizar el estado o participar en la farsa
electoral para elegir un nuevo opresor. La continuidad
de las luchas de los pueblos originarios, es legitima porque la calidad del
régimen gubernamental es racista y excluyente, continuidad del régimen
colonial, el español, que abandonó el territorio sin cumplir con las exigencias
internacionales en materia de descolonización y dejo su simiente corrupta. La descolonización significa demostrar que el estado
colonial republicano no nos representa y se debe continuar con la liberación para
recuperar la autonomía porque “Al liberarse el indio, libera a su nación y
la de su opresor antagónico. Al liberar su nación libera a la nación … del
cholaje” (Reinaga 1964:14).