lunes, 9 de julio de 2018


LIBERAR LA NACION DEL CHOLAJE
  
La ‘nación ficticia del Perú’ formada por el 5% de los colonizadores-criollos que adoptaron el modelo liberal y la ciudadanía, es un trasplante mecánico de la superestructura de la clásica nación europea; superestructura que no guarda relación directa con la realidad andina. La identidad que adoptaron tuvo la finalidad de legalizar el nuevo Estado de Derecho, pero la verdad se sintetiza en la frase de Fausto Reinaga: “Los criollos tienen estado. Pero les falta todo lo demás para ser nación”, efectivamente no representaban a la mayoría de la población y no contaban con territorio. Además, siempre se sintieron ajenos y nunca abandonaron sus sueños de fundirse con Europa, Estados Unidos o Rusia. Usaron todos los medios para legitimarse llamando a la integración, apelando a los valores patrios y aplicando políticas de asimilación, conocidas en el presente como inclusión para convertir a los indios en mestizos y estos abandonen su identidad, cultura originaria para sumarse a la nación ilegitima. El reconocimiento del estado peruano por parte de los organismos internacionales demandaba que los pueblos originarios debían integrarse al Estado independiente y  la República Peruana no cumplió con el inciso 3 de la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de Naciones Unidas, llamada la Carta Magna de la descolonización, entonces se abría la posibilidad de reconocer las luchas de liberación nacional que continuaban los pueblos porque no se había concluido con el proceso de descolonización. 

Esta era la nación peruana que José Carlos Mariátegui (1925:208) describe como el pecado original de la república: «[...] el pecado de haber nacido y haberse formado sin el indio y contra el indio», entonces, los ciudadanos sustituyeron al sujeto jurídico –político: inka -indígena que no recupero su territorio ni autonomía y menos alcanzo la plenitud del gobierno propio, es más siguió subordinado y negado.

El mestizaje prosperó como el fenómeno de cholificación que sirvió para enarbolar el derecho de “la mayoría sobre las minorías” y el nacionalismo como ideología política, desde esa lógica los ciudadanos se dividen en clases, grupos antagónicos que defienden intereses y se organizan en partidos políticos, era “el cholaje (escudado en ideologías llegadas de Europa, disfrazado ora liberal, constitucional, republicano, nacionalista, socialista, fascista o “comunista”) ha manejado el destino de este país con la filosofía de las tripas, el falo y la vagina (Reinaga 1964:14),  traidores a su pueblo, clonados ideológicamente en Harvard y personificado en Alejandro Toledo, son parte de bandas que lucharon, luchan por tomar el poder y corrompen el estado para beneficiar a su grupo. Los escribas y pregoneros justificaron esta situación desde la pluma del cholaje intelectual que denunciaba el “peligro indio”.

El proceso de descolonización debe concluirse, no es un asunto de movilización social para que nos reconozcan derechos, de compromiso de los gobernantes de modernizar el estado o participar en la farsa electoral para elegir un nuevo opresor. La continuidad de las luchas de los pueblos originarios, es legitima porque la calidad del régimen gubernamental es racista y excluyente, continuidad del régimen colonial, el español, que abandonó el territorio sin cumplir con las exigencias internacionales en materia de descolonización y dejo su simiente corrupta. La descolonización significa demostrar que el estado colonial republicano no nos representa y se debe continuar con la liberación para recuperar la autonomía porque “Al liberarse el indio, libera a su nación y la de su opresor antagónico. Al liberar su nación libera a la nación … del cholaje” (Reinaga 1964:14).

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